Residente en el sur del país asiático, este hombre ha aprendido a no dañarse el estómago al ingerir material de ferretería
Algunos comen palomitas y otros patatas fritas. Sin embargo, hay pocas personas en el mundo que pidan para acompañar una caña una ración de clavos. Pero existe al menos una: un hombre que vive en el sur de China y que, desde hace nada menos que 32 años, ingiera material de ferretería como el que disfruta de una bolsa de pipas.
Al parecer, su afición comenzó cuando contaba 17 años y vio como un hombre comía clavos. Eso debió abrirle el apetito y, tras aprender un truco para no dañarse el estómago,
decidió introducir en su dieta estos objetos. A su vez, y según afirma,
no tiene problemas en introducirse entre pecho y espalda clavos que van
de los 3 a los 5 centímetros. Y es que ¿Qué puede tener más hierro que un clavo?
Tras tres décadas ha desarrollado este insólito hábito que,
sorprendentemente, no le ha creado ningún problema físico. De hecho,
tiene una hija que cuenta con buena salud y ha heredado el buen apetito
de su padre, pues come vasos, objetos de cerámica y azulejos.


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